Tezcatlipoca (espejo roto) era indudablemente el Júpiter del panteón nahua. Llevaba un espejo o escudo, de donde le venía el nombre, y en el que se suponía que veía reflejados los hechos de la humanidad. La evolución de este dios, desde el estado de espíritu de viento o aire hasta la deidad suprema de los aztecas, presenta muchos puntos de profundo interés.
Originariamente, la personificación del aire, la fuente tanto del aliento de vida como de la tempestad, Tezcatlipoca, poseía todos los atributos de un dios que presidía todos estos fenómenos. El disco tribal de los tezcuanos los dirigió hacia la Tierra Prometida y fueron el instrumento de la derrota tanto de los dioses como de los hombres de la raza más antigua de la que disponían.
La popularidad y el honor público de Tezcatlipoca avanzaron tan rápidamente que se considera un pequeño prodigio que dentro de un corto espacio de tiempo fuera considerado como un dios del destino nacional. De este modo, de ser la peculiar deidad de un pequeño grupo de inmigrantes nahuas, se derivó un prestigio procedente de la rápida conquista bajo su dirección, y los relatos de su destreza fueron rápidamente propagados por los que lo adoraban y veían en él el más popular y más temido dios de Anahuac, por tanto el único cuyo culto ensombreció rápidamente a otros dioses similares.









