
Vamos a hablar de nuevo de la Cabra Amaltea, de la que hemos dicho ya que se hallaba en el monte Ida.
Júpiter recordaba su a opulenta nodriza cuya nutritiva leche le había alimentado durante tanto tiempo.
Tampoco había olvidado los juegos que se libraba desde su infancia, con el animal de los grandes cuernos. Guardaba en la memoria sus prodigiosos saltos, sus temeridades acrobáticas y las luchas que acometía con gracia, fuerza y audacia.
Pero recordaba de a manera especial que, en determinada ocasión, había arrancado, en un momento de crisis nerviosa, uno de los hermosos cuernos que adornaban la frente de su imponente nodriza.
