Conocido ya el sistema de castas, propio del hinduismo y el brahmanismo, que tiene repercusión no sólo en lo social, sino en lo religioso, hay que decir unas pocas palabras sobre la moral y el culto entre los hindúes.
El deber del hombre, o darma ( dharma), es, como en el resto del mundo, múltiple. En lo que afecta a la religión, hay que alimentar a los pobres, reverenciar a los brahmanes, honrar a los dioses, respetar a los muertos y cumplir las obligaciones rituales, entre las que merecen destacarse cuantas ceremonias religiosas tienen relación con la vida del individuo, además de dar limosna, purificarse en baños de naturaleza prefijada, cumplir los votos, hacer peregrinaciones y asistir a las fiestas sagradas de que a veces está cuajado el calendario de muchas sectas.
Ya hemos indicado, al hablar del brahmanismo, las "cuatro estaciones" o períodos en que el hombre ha de dividir su vida, para poder dedicarse de manera plena a la actividad religiosa, que tiene por objeto la salvación, y que en la actualidad casi nadie observa.
El principal mandamiento ético —mejor sería decir principio moral, desde el momento en que no hay un magisterio religioso hindú— consiste en no dañar a ningún ser vivo (ahimsa); Gandhi lo convirtió en una fuerza política a la que llamó la "no violencia".
