Desengañado de las grandezas, Saturno busca en su delicioso retiro de Italia, la tranquilidad y la paz en el laboreo y en la Agricultura.
Fue allí, precisamente, donde pudo saborear aquella felicidad que Virgilio deseara, siglos después, o los habitantes de los campos.
Júpiter y Jano se entendían a maravilla y congeniaban perfectamente. Bajo su reinado bienhechor, los hombres eran verdaderamente virtuosos. El amor mutuo era una realidad. Nunca surgieron querellas ni disgustos. A nadie se imponía ningún trabajo. La tierra producía, generosa y fecunda, flores y frutas sin necesidad de cultivo; entre los prados exuberantes se deslizaban caudalosos ríos de leche y de néctar; de todos los árboles parecía caer una lluvia de miel.
