La Luna, como se sabe, es mutable. Las cuatro fases lunares y sus movimientos influencian muchos fenómenos en la Tierra, y esto ya era patente en la antigüedad. Esta Luna se refleja en el agua, un agua regeneradora, fuente de toda forma de vida, en la que tiene su origen el carácter de los pertenecientes a este signo: de humor inestable, sensibles, soñadores, fantasiosos, tienen comportamientos muy a menudo contradictorios y oscilan de forma obstinada y cerrada hacia otros más abiertos y alegres.
Su naturaleza introvertida a menudo protege un núcleo interior demasiado tierno, dulce e indefenso para que pueda ser expuesto. La atadura con el inconsciente es fortísima, y a veces sucede que el Cáncer rechaza a nivel consciente una realidad exterior que no le satisface, para huir a su universo interior que sustituye a aquel mundo externo y a aquellos hechos concretos que no le gustan; la experiencia de Cáncer es quizás la más difícil del Zodiaco; quizá por su naturaleza sensible, emotiva y vulnerable, sienten la necesidad de bajar a la profundidad de su alma, y esta aventura, aunque sea interiormente rica, puede resultar muy dolorosa si se afronta a la ligera.
Intuitivo, fantástico, dúctil, quien nace con el Sol en Cáncer está generalmente dotado de todas aquellas características que han sido siempre consideradas típicamente femeninas; dulces y amorosos, los nativos de este signo tienden a reservar y a concentrar sus emotividades en las relaciones familiares.

