Todas las estrellas de masa igual a la del Sol evolucionarán de un modo semejante. Las estrellas de masa superior, en cambio, gastan más rápidamente su combustible nuclear, se convierten antes en gigantes rojas y empiezan antes el descenso final hacía enanas blancas.
Hay muchos casos de estrellas binarias en los que una componente es una gigante roja y la otra una enana blanca. Algunos de estos pares están tan próximos que se tocan, y una atmósfera solar incandescente fluye de la gigante roja a la enana blanca y tiende a caer en un lugar determinado de la superficie de la estrella blanca.
El hidrógeno se acumula, comprimido a temperaturas y presiones que son cada vez mayores debido a la intensa gravedad de la enana, hasta que esta atmósfera cedida por la gigante experimenta reacciones termonucleares y la estrella blanca sufre una breve erupción que la hace brillar.
