El budismo tuvo gran influencia en las religiones de China. Se introdujo en este país, durante el período de los Han, a través de las caravanas que cruzaban el Asia Central. Al poco tiempo florecieron monasterios en algunas provincias chinas, de los que ya se tiene noticia en la segunda mitad del siglo I. Su desarrollo mayor y su aceptación bastante general ocurrieron entre los siglos III y VI.
En lo histórico, principalmente en la época mencionada en último lugar, a consecuencia de la protección imperial, los budistas comenzaron a conquistar privilegios y exenciones, que les animaron a llevar a cabo un amplio movimiento de proselitismo, sólo estorbado por la persecución del año 844. De las dos escuelas de budismo, la del Hinayana ("Pequeño Vehículo"), de naturaleza conservadora, y la del Mahayana ("Gran Vehículo"), fue ésta la que se impuso en China. El Mahayana tiene un aspecto filosófico y esotérico, y otro religioso y exotérico; este último se enriqueció con una mitología y un culto ritual de devoción y así llegó a confundirse en muchos aspectos con el hinduismo.
