En Caldea, la idea de inundación se asociaba al solsticio de invierno. Tal vez sea éste el origen de Acuario, pero no es posible afirmarlo rotundamente.
Para los griegos no podía tratarse más que de Ganimedes, el copero que daba de beber a los dioses con su aguamanil.
La esposa de Júpiter, la virtuosa Juno, tenía encomendada la protección del signo. Sabemos que Juno (o Hera) era hermana de Júpiter. Al parecer, su madre los salvó a ella y a su hermano de la voracidad de Saturno, su padre, confiándolos a la custodia de Tetis. Los dos hermanos se hicieron amantes, en un principio, a espaldas de todos, pero después la cosa acabó por saberse y los demás dioses les hicieron regalos de boda. Eratóstenes cuenta que la Tierra donó manzanas de oro del jardín de las Hespérides. Regaló incluso el árbol maravilloso que las producía, y Juno, encantada, lo mandó plantar en el jardín de los dioses y puso una serpiente para que vigilara las manzanas, pues las Hespérides querían recobrarlas. Numerosos autores han querido ver en este relato mitológico el origen de la leyenda del Paraíso Terrenal.

