Entre los primeros religiosos católicos en reaccionar positivamente ante la posibilidad de que la tradición del Timeo y Crisias fuesen ciertas, estuvo el sacerdote jesuita Atanasio Kirchner, quien, con una intuición admirable, concibió un mapa del océano Atlántico, entre España y América, en el cual, sitúa la gran isla Atlántida ocupando el espacio en que actualmente emergen como picachos de montañas sumergidas, las islas Azores. Este mapa data de 1665, y lleva como anotación que se ha basado, para dibujarlo, en la descripción hecha por Platón sobre las tradiciones recogidas en Egipto.
Muestra la isla como un triángulo con el vértice hacia el sur, y las grandes montañas como picachos de una cordillera. Una vez rehabilitado el nombre de Platón en círculos intelectuales y esotéricos cada vez más amplios, vino un período de gran efervescencia por determinar en qué lugar del mundo habría estado la Atlántida.
A pesar de que la única fuente de información seguía siendo Platón, de acuerdo al relato del sabio Solón de Atenas, y la corroboración hecha por el viajero Krantor, que fue recopilada en Bizancio, en el siglo quinto después de Cristo, por el filósofo Proclos, la mayoría trató de inmediato de demostrar que Platón estaba equivocado.
A pesar de que la única fuente de información seguía siendo Platón, de acuerdo al relato del sabio Solón de Atenas, y la corroboración hecha por el viajero Krantor, que fue recopilada en Bizancio, en el siglo quinto después de Cristo, por el filósofo Proclos, la mayoría trató de inmediato de demostrar que Platón estaba equivocado.
