Nunca lo busques si no le ves venir, ni te le cuelgues de los faldones de la americana cuando quiera irse. Una vez que te hayas adiestrado en la aceptación de su espíritu inquieto e impredecible, es posible que las cosas funcionen, pero no insistas en el "consuelo celestial de saber siempre que hay alguien cuando uno le necesita".
Es verdad que si estás enamorado de un Géminis no estarás solo. Eso, seguro que no. Tendrás por lo menos dos hombres (o dos mujeres) que anden contigo... y los dos serán él.
El Géminis típico le gusta a la gente. Es raro el mercuriano que no sea una perfecta delicia como conversador. Tiene un gusto exquisito, es pródigo en comentarios ingeniosos, y sus cumplidos son obras maestras de cálida sinceridad.
Con su habitual e impecable dominio de los modales y su instinto social, es quién mantiene la fiesta, en más de un sentido. Las horas pasarán en un soplo mientras tú gozas, feliz, en su cordialidad, te ríes de sus ingeniosos chistes y te derrites bajo su encanto cálido y alegre.
Géminis te dirá "Te amo" de cien maneras diferentes, como no podría hacerlo nadie más en el mundo. Géminis tiene una necesidad inconsciente de disfrazar sus verdaderas intenciones, de entablar con los otros una suerte de esgrima verbal y de encubrir sus motivos con acciones duales. En general, buscarán confundirse. Después, con la característica incongruencia de Géminis, harán un giro de 180 grados y se mostrarán tan directos que te dejarán poco menos que sin aliento con su franqueza y brusquedad.

