No existe la menor duda acerca del origen caldeo de este signo, pues el hombre-escorpión es uno de los protagonistas de la epopeya de Gilgamesh, en la que este héroe es atacado por el hombre-escorpión, guardián del Sol. Para los griegos, este Escorpión no era otro que el que la diosa Artemisa (Diana) que mandó matar al galante cazador Orión.
Como nos enseña Manilio, «el escorpión belicoso se asocia a Marte», por lo que vamos a hacer un rápido repaso de la historia del dios de la Guerra para ver qué influencia pudo ejercer tal historia en el simbolismo del signo.
Homero nos relata el furibundo discurso pronunciado por Juno (Hera) ante la asamblea de los dioses:
Homero nos relata el furibundo discurso pronunciado por Juno (Hera) ante la asamblea de los dioses:
«Escuchadme todos, dioses y diosas, y sabed que Zeus, el primero, trató de deshonrarme después de hacer de mí su esposa. Él trajo al mundo a Atenea sin mí, Atenea, que se distingue entre todos los inmortales, mientras que el hijo que yo tuve de él, Hefaistos (Vulcano), es de todos el más enclenque. Yo mismo lo arrojé al mar; pero Tetis, la hija de Nerea, lo recogió y cuidó ayudada por sus hermanas. ¡Bien hubiera podido hacerme otro favor! ¡Oh, rey terrible y artero! ¿Cómo te atreviste a alumbrar a Atenea? ¿No hubiera podido hacerlo yo por ti? Yo era tu esposa, me parece. Pues bien, ahora voy a ser yo quien haga algo extraordinario. ¡Voy a tener un hijo que se distinga entre todos los dioses! Y lo haré sin deshonrar tu lecho ni el mío y sin acercarme a ti. Me mantendré lejos de ti y me quedaré entre los otros dioses.»

