Los magos egipcios, además de poseer, como los caldeos, muchos secretos para sorprender a la multitud, tenían grandes conocimientos astronómicos y meteorológicos que les permitían adivinar los fenómenos naturales, dándose aires de haberlos producido, con lo cual parecía que les estaba sometida la naturaleza y hasta la misma Divinidad, como acontecía con los magos de la India.
Creían los sacerdotes egipcios, o más probablemente aparentaban creer que los dioses debían indeclinablemente acudir cuando los evocaban llamándolos por su nombre, de donde provino la mágica virtud atribuida a ciertas fórmulas de encantamientos, cual si toda la eficacia de ellos pudiese depender de la elección de las palabras.
Es bien sabido y perfectamente demostrado por muchas esculturas e inscripciones que han venido a corroborar el testimonio de antiguos escritores, que los egipcios se dedicaron con mucho ahínco a la astronomía, ciencia en la cual llegaron a hacer grandes progresos; pero abusaron de ella cultivando la astrología a adivinación por medio de los astros, así como exagerando por vanidad las fechas de sus anales, han merecido que la crítica moderna condenase su vanidad diciendo que los miles de siglos por ella inventados no son más que leyendas calendarías.
Creían los sacerdotes egipcios, o más probablemente aparentaban creer que los dioses debían indeclinablemente acudir cuando los evocaban llamándolos por su nombre, de donde provino la mágica virtud atribuida a ciertas fórmulas de encantamientos, cual si toda la eficacia de ellos pudiese depender de la elección de las palabras.
Es bien sabido y perfectamente demostrado por muchas esculturas e inscripciones que han venido a corroborar el testimonio de antiguos escritores, que los egipcios se dedicaron con mucho ahínco a la astronomía, ciencia en la cual llegaron a hacer grandes progresos; pero abusaron de ella cultivando la astrología a adivinación por medio de los astros, así como exagerando por vanidad las fechas de sus anales, han merecido que la crítica moderna condenase su vanidad diciendo que los miles de siglos por ella inventados no son más que leyendas calendarías.
