Como consecuencia de la huida de Saturno, sus tres hijos quedaron dueños del Universo y se repartieron su sucesión anticipadamente.
Neptuno obtuvo el imperio de los Mares; Plutón se contentó con los Infiernos; respecto a Júpiter, el promotor de la rebelión, se instaló como dueño del Olimpo, atribuyéndose el palacio de los Dioses.
Su dominación, sin embargo, sufrió un ligero quebranto. Fue a causa de los Gigantes, hijos de Titán, quien no podían olvidar la derrota sufrida en común. Volviendo a la carga concibieron el fantástico proyecto de escalar el Olimpo.
