Los conquistadores aztecas acostumbraron incorporar a su panteón los dioses de las gentes vencidas y, por ello, las naciones vecinas los consideraban los más religiosos de los hombres.
Al llegar los españoles, México encerraba muchos pueblos agrupados en estados de distinta importancia. El más notable de ellos era el imperio azteca, de formación muy reciente, en el que no sólo había ciudades propias, sino otras sometidas, mejor, dependientes por el hecho de que pagaban un tributo al gobierno central, aunque conservaban sus instituciones y la administración propias de su modo de ser.
A unas y otras, hay que agregar poblaciones que, sometidas a su esfera de influencia, eran en absoluto independientes. Incluso había otras dentro del mismo imperio que eran completamente autónomas.
El apogeo de las civilizaciones clásicas mexicanas corresponde a los siglos VII y IX de nuestra era. Tras un eclipse, México recobra su esplendor cultural hacia los comienzos del siglo XI, que se interrumpe cien años más tarde a causa de la invasión de tribus bárbaras llegadas del septentrión. Éstas se constituyen en imperio, el azteca, en fecha relativamente reciente: hacia el año 1428. La hegemonía del mismo se logró gracias a una confederación compuesta por las ciudades de Tenochtitlán (México), Tlacopán y Texcoco.
El señor de la ciudad de México o emperador alcanzó poco a poco el mando supremo. Alrededor de los aztecas estaban las tribus bárbaras del norte, en montes y yermos; al oeste, el reino de Michoacán, y al sur los señoríos de Yopitzinco, mandados por príncipes de cultura inferior. Más al mediodía, se hallaba el mosaico de pueblos conocidos con el nombre de mayas.
"La flor de mi corazón se ha abierto"
Así empezaba un bello himno azteca de acción de gracias. Los cantos religiosos, con acompañamiento de instrumentos musicales (flautas, tambores, batintines de madera, etc.), tenían gran importancia en la religión mexicana y revelan el gran desarrollo que en ella había alcanzado el aspecto ritual.
"La flor de mi corazón se ha abierto"
Así empezaba un bello himno azteca de acción de gracias. Los cantos religiosos, con acompañamiento de instrumentos musicales (flautas, tambores, batintines de madera, etc.), tenían gran importancia en la religión mexicana y revelan el gran desarrollo que en ella había alcanzado el aspecto ritual.
