El gran número de divinidades de la religión egipcia, legado de las antiguas deidades territoriales, ninguna de las cuales fue jamás un dios único, produjo un panteón nutrido por la necesidad de establecer relaciones entre ellas. Asimismo, de modo tan necesario como el del establecimiento de relaciones mutuas, hubo síntesis de carácter mitológico y teológico, a fin de proporcionar al país un sistema religioso unificado. No obstante, dada la índole misma de muchos dioses, el amplio esfuerzo sintético no llegó a fructificar en una sola teología.
Las convicciones religiosas prehistóricas tenían un carácter tan decisivo, que el interés por su unificación se resolvió en todos los casos en una estructura superficial, que no oculta el origen histórico y cronológico de la creencia. Hubo mezcla, pero no fusión íntima y rigurosa, de todos los conceptos mitológicos.
Las dos mitologías más antiguas son la de Osiris y la de Heliópolis, que acabaron por fundirse con el tiempo. Del Egipto Medio, y de la misma época, es la de Hermópolis, referente a Thot. De origen posterior, en cuanto a la historia, son la mitología menfita, referente a Ptah, surgida durante el reinado de las primeras dinastías, y la tebana, procedente del Imperio Medio, que versa sobre Amón-Ra.