viernes, 9 de marzo de 2018

COMO SE FORMARON LOS DIOSES EGIPCIOS


El gran número de divinidades de la religión egipcia, legado de las antiguas deidades territoriales, ninguna de las cuales fue jamás un dios único, produjo un panteón nutrido por la necesidad de establecer relaciones entre ellas. Asimismo, de modo tan necesario como el del establecimiento de relaciones mutuas, hubo síntesis de carácter mitológico y teológico, a fin de proporcionar al país un sistema religioso unificado. No obstante, dada la índole misma de muchos dioses, el amplio esfuerzo sintético no llegó a fructificar en una sola teología.
 
Las convicciones religiosas prehistóricas tenían un carácter tan decisivo, que el interés por su unificación se resolvió en todos los casos en una estructura superficial, que no oculta el origen histórico y cronológico de la creencia. Hubo mezcla, pero no fusión íntima y rigurosa, de todos los conceptos mitológicos.
 
Las dos mitologías más antiguas son la de Osiris y la de Heliópolis, que acabaron por fundirse con el tiempo. Del Egipto Medio, y de la misma época, es la de Hermópolis, referente a Thot. De origen posterior, en cuanto a la historia, son la mitología menfita, referente a Ptah, surgida durante el reinado de las primeras dinastías, y la tebana, procedente del Imperio Medio, que versa sobre Amón-Ra.

martes, 6 de marzo de 2018

RELIGION Y MITOLOGÍA DE EGIPTO

 
Ya indicó el famoso egiptólogo francés Eduardo Drioton, muerto en 1964, que la religión egipcia, como otras del antiguo Oriente, no satisface por completo el concepto que los modernos tenemos de la religión.
 
Enumeraba entre los factores que contribuyen a esta diferencia los siguientes: la carencia de libros sagrados que contengan una revelación, pues los Textos de las Pirámides, los Textos de los Sarcófagos y el Libro de los Muertos, no pueden ser tenidos por tales, como lo prueba la total sustitución de unos por otros en el transcurso de los siglos; la falta de un magisterio que defina su credo, salvo en el caso de Ajenatón, quien, en su reforma religiosa, fue el autor de lo único que puede considerarse una herejía en la larga historia de Egipto; y la ausencia absoluta de símbolos de fe que, por ser una condensación de la doctrina, permitieran hacer profesión de fe por medio de unas cuantas frases.
 
La privación de elementos tan esenciales para la economía de una religión viva, como son la revelación escrita, el magisterio y los símbolos de fe, se explica principalmente por la misma historia del pueblo egipcio, que influyó de manera considerable en la formación de su mitología, la cual tiene origen en un cúmulo de creencias locales. Además, muchos de sus episodios no son más que la transposición al terreno religioso de hechos políticos y militares ocurridos entre los hombres.
 
Un caso patente, que sirve para ejemplificar esta situación, es el del mito de Osiris, el dios de los muertos. Este dios pereció víctima de su hermano. Seth; su cuerpo, arrojado al Nilo, derivó hasta el puerto sirio de Biblos, en el que lo encontró su esposa Isis, quien lo llevó a Egipto, donde su amor hizo que resucitara.

sábado, 3 de marzo de 2018

LA RAZA DE PARTHOLÓN EN IRLANDA, LA RAZA DE PLATA


La raza de plata, cuya característica dominante consistía en la falta de inteligencia, fue, cronológicamente, la tercera de las tres razas sucesivas que, según la mitología griega, habitaron el mundo antes que los héroes de las guerras de Troya y Tebas.
 
La educación de los niños duraba un siglo, y, pese a los atentos cuidados de las madres, la estupidez de los mismos persistía en la madurez y colmaba de males el poco tiempo que les quedaba por vivir.

La raza de plata es idéntica a la que los más antiguos documentos irlandeses sitúan al principio de la historia mítica de su país. La llaman "familia de Partholón" y, como la raza de plata de los griegos, se distingue por su ineptitud.
 

domingo, 9 de octubre de 2016

DAFNE Y APOLO


Apolo, durante sus largas sesiones pastoriles, veía pasar ante él las adorables ninfas del monte Ossa. Y una de estas ninfas le llegó al corazón. Era Dafne.
 
Apolo se dispuso a cortejarla para casarse con ella. Pero ni los propósitos galantes ni los talentos del flautista conmovieron el corazón de la doncella de ágiles pies, quien supo esquivar al apasionado suspirante, huyendo siempre de él.

En cierta ocasión, en el momento en que iba a ser alcanzada por Apolo, Dafne, hija del río Penco, invoca la asistencia paterna y, súbitamente, su cuerpo se transforma en un laurel de verdes hojas. Apolo no halla en sus brazos más que un tronco frío y tembloroso. En recuerdo de la que tanto había idolatrado, Apolo corta unas hojas del árbol inanimado, con las que confecciona una corona que, en el porvenir, servirá para consagrar la gloria de los héroes y de los hombres ilustres, poetas o guerreros.

APOLO Ó FEBO


Atona, hija del Titán Ceos, había sido distinguida por los favores de Júpiter, dando a luz dos hijos, una hembra y un varón.
 
Enterada Juno de esta nueva infidelidad de su marido sintió súbitamente un odio furioso, muy comprensible por cierto, contra la intrigante, haciéndola perseguir sin tregua por la serpiente Pitón. La fugitiva, aterrorizada, no encontraba en ninguna parte un asilo propicio y protector. Pero afortunadamente, contaba con el apoyo de los dioses.
 
Mientras volaba desesperada sobre la superficie del mar, expuesta a perecer bajo las olas, Neptuno, con un golpe de su tridente, hizo surgir en pleno mar, una isla, Delos, donde Latona, extenuada de cansancio, pudo pararse y saborear las delicias de un reposo reparador. Allí nacieron Diana y Apolo. Tan hermosos eran los hijos de Latona que suscitaron la envidia de una reina de aquellos alrededores llamada Niobe, quien no podía resignarse, como madre, a la condición de menos favorecida.
 
En el paroxismo de su cólera arrojó a Latona de su presencia y ante aquella humillación, Apolo y Diana acribillaron a flechazos a la prole de Niobe, castigándola así cruelmente por su insensato orgullo. Admitidos en seguida en el Olimpo los dos descendientes de Júpiter y Latona, bebieron en la copa de los dioses el delicioso néctar de la inmortalidad. Diana fue nombrada diosa de la Caza; Apolo personificó a Febo, dios del Sol.

sábado, 8 de octubre de 2016

VULCANO

 
De la unión de Júpiter y de Juno nació un hijo. El niño era fuerte, sano, vigoroso. Sí, no puede negarse. Pero tampoco no puede negarse que no era hermoso. Era más bien feo,  bastante feo. Tan feo que sus padres tuvieron una consulta para tratar del medio más indicado para que, aunque fruto de su sangre, era un verdadero atentado a las leyes eternas de la belleza.

La deliberación fue breve. Júpiter y Juno se miraron y se comprendieron mutuamente: arrojarían a su hijo del Cielo. El plan fue concebido y ejecutado de una manera fulminante.
 
El infortunado niño, llamado Vulcano fue arrojado del Cielo y proyectado sobre la tierra. ¿Por quién? ¿Fue el padre o fue la madre? Nadie lo sabe exactamente. Lo cierto es que la infeliz criatura estuvo un día entero viajando por los aires para ir a caer, en la hora del crepúsculo, en la isla de Lemnos.
 
En realidad Vulcano tardó menos tiempo en recorrer la distancia que va del cielo a la tierra que la que hubiera invertido el yunque de bronce de que hablamos a propósito del Tártaro. Al caer de tal altura, Vulcano se rompió una pierna. Unas excelentes mujeres que habitaban en la isla, recogieron al celeste viajero y lo cuidaron solícitamente. El herido mejoró y quedó restablecido en poco tiempo pero no pudo lograrse borrar por completo el recuerdo del accidente. Una pierna le quedó más corta que otra: Vulcano, pues, era cojo.
 
Si físicamente nuestro héroe dejaba mucho que desear, debemos hacer constar que intelectual y espiritualmente valía mucho más. Ya de jovencito dio pruebas de ingenio y laboriosidad e incluso se reveló como artista.
 

NEPTUNO


Neptuno era el hermano gemelo de Júpiter, y como tal, hijo de Saturno y de Rea; recordaremos que su madre lo había salvado de la glotonería de Saturno confiándolo después a unos pastores entre los cuales creció y se hizo fuerte y vigoroso.
 
En el reparto del imperio del mundo, le tocó a Neptuno la soberanía de los mares. Neptuno la aceptó a falta de otra cosa mejor, resignado, pero poco satisfecho. Así nació en él la idea de conspirar contra Júpiter. Y habiendo sido vencido en su lucha desigual, como castigo, le fue prohibido el cielo.

Arrojado pues de la mansión divina, se vio obligado a buscar el apoyo de Laomedón, rey de Troya, y una vez instalado en su reino ayudó a este príncipe a construir las murallas de la ciudad.

Apolo también colaboraba, a su manera, en la gran empresa; a los acordes de su lira, los obreros trabajaban con más ardor; las princesas troyanas les animaban con su presencia, tejiendo a las orillas del mar los peplos y velos con que se embellecían. Como premio de esta inesperada ayuda, Laomedón prometió cuánto le pedían; como salario debía pagar una considerable suma.
 

viernes, 7 de octubre de 2016

CARACTERÍSTICAS DEL SIGNO DE GÉMINIS


Los caldeos tenían dos dioses gemelos, aparentemente dos avatares del dios Nergal. Los griegos los sustituyeron por Cástor y Pólux, cuyos nombres llevan todavía las dos estrellas más brillantes de la constelación de Géminis. No obstante, otra identificación acabó por imponerse, la de que estos gemelos eran Apolo y su hermanastro Hércules, éste, vuelto hacia el signo Cáncer por los motivos que explicaremos al hablar de este último signo. De todos modos, según nos enseña Manilio, el protector del signo es Apolo y ahora repasaremos rápidamente los rasgos principales de su historia.
 
Apolo era también hijo de Júpiter, que fue un padre muy prolífico, y de una mortal llamada Letona. Juno, la celosa esposa de Júpiter, creó el dragón Pitón (cuyo nombre lleva ahora una especie de serpiente) que debía perseguir a la infeliz Letona, embarazada, e impedir que hallara asilo en la Tierra.
 
Neptuno, invocado por Letona, de un golpe de tridente hizo salir del mar la isla de Delos, donde la mujer pudo tener sus gemelos: Apolo y su hermana Diana. Por cierto, cabría preguntar por qué se atribuye la protección de Géminis únicamente a Apolo, reservando a su hermana otra signo, y por qué se ha formado para este signo de Géminis a la pareja mitológica compuesta por Apolo y Hércules cuando estos dos personajes no eran gemelos. Más adelante, veremos la respuesta, aunque no es muy convincente. Pero volvamos a la historia de Febo-Apolo...

jueves, 6 de octubre de 2016

LAS PANATENEAS


Sabemos ya que en honor de Júpiter se celebraban los Juegos Olímpicos. No podía hacerse menos por su hija predilecta, Minerva,  que ofrecerle otras diversiones semejantes.

Se organizaron, pues, en su honor, con toda la pompa imaginable, las famosas Panateneas, fiestas que se celebraban en la ciudad de Atenas. Todos los pueblos de Grecia asistían a la ciudad de Cécropos para admirar las solemnidades o tomar parte en ellas.

Tal como en los Juegos Olímpicos, se disputaban los premios de la carrera y de la lucha. Pero en éstos la Poesía y la Música obtenían la preponderancia y ocupaban lugar preferente. Porque la finalidad de las Panateneas no era otra, en definitiva, que la de glorificar ante todo la diosa que idealizaba la fuerza del pensamiento, la perfección de las Artes, la protección y la divulgación de las Ciencias humanas.

Los hijos de los primeros ciudadanos de la Hélade mostraban su habilidad en la conducción de caballos y carros en las grandes carreras. Otros jóvenes libraban  diversas pruebas  y demostraciones gimnásticas. Estaban los que preferían pruebas de otro carácter más dulce y pacífico y que probaban sus aptitudes ejecutando admirables composiciones poéticas o musicales.