lunes, 8 de octubre de 2018

LA CAIDA DEL IMPERIO DEL TAHUANTINSUYO


Así como había sucedido en el México de Moctezuma, en que se esperaba con angustia el regreso de un dios blanco y barbudo desaparecido en el mar en tiempos inmemoriales, en Perú también se produciría esa analogía que algunos han dado en llamar "la profecía autocumplida". Viracocha, el dios hacedor, había anunciado la llegada de los hombres blancos...

Huayna Capac, había ya reinado por treinta y dos años, y tal como el antiguo rey español don Rodrigo, por una mujer, estaba haciendo peligrar el futuro de un reino. Cegado por el amor de la reina de Quito, Duchicela, Huayna Capac, cuando ya la nieve de los años cubría sus sienes, se instaló en Quito, la tierra conquistada al rey de los Esciri. Allí prometió legar a su amado hijo Atahualpa la tierra conquistada.
 
Reunió al Consejo de Ancianos para obtener la aprobación para la partición del imperio. Su hijo legítimo, Huáscar, heredaría el Cusco, y Atahualpa, Quito. Por obediencia, Huáscar se sometió a la voluntad de su padre. Pero ya se había sembrado la semilla de la discordia.
 


En ese vastísimo imperio siempre había reinado "Capac Inca, Intip Churi" , el Señor de Tahuantinsuyo, "Unico Señor, Hijo del Sol". Ahora habría dos soberanos... Huayna Capac, el Grande, falleció en 1525. La crisis estaba planteada.
 
Después de conducir la momia del Inca muerto al panteón de Inti-Huasi, debía rendirse el homenaje al sucesor, Huáscar. Atahualpa, humillado, no participó en esta ceremonia y regresó a Quito. Huáscar le ordenó regresar al Cuzco, pero al no recibir respuesta, le declaró proscrito.
 
Las acciones militares no se hicieron esperar. Al principio, ellas fueron favorables a Huáscar, pero luego se volvieron contra él y fue hecho prisionero por Atahualpa. La venganza del príncipe de Quito fue terrible. Hizo asesinar a toda la nobleza emparentada directamente con Huáscar, incluyendo a sus servidores y "ayllus" o comunidades que habían sido fiel al legítimo heredero del imperio. Pero ya la sombra de Viracocha se proyectaba nuevamente en el imperio.
 
Aún antes de morir, Huayna Capac, había oído alarmantes noticias de sus Curacas de la costa norte, cerca de la Península de Tumbes. "Hombres barbudos venidos del mar habían llegado a la costa". Ahora, Atahualpa, en su descanso de Cajamarca, después de haber hecho prisionero a su hermano, recibía nuevamente noticias de los Curacas. Los hombres blancos y barbudos habían llegado nuevamente a Tumbes y Payta y se habían apoderado de la isla de Puna.
 
Estas noticias alegraron en un comienzo a Atahualpa. Sus triunfos guerreros y su ambición de poder se verían coronadas con el regreso de Viracocha. Sin embargo, el cariz de las noticias traídas por los "chasquis" fue cambiando el concepto que se había formado Atahualpa. No se trataba de Viracocha, sino de conquistadores. Pero él estaba rodeado de su inmenso ejército y esperó tranquilamente los acontecimientos.
 
La profecía de Viracocha estaba por cumplirse: "Llegarán hombres que se harán pasar por Viracocha... ¡No creáis lo que os digan...! Lo que sigue ya no pertenece a "Lo que se Cuenta"; entra en la Historia.
 
El día 13 de agosto de 1532 fue sentenciado y ajusticiado Atahualpa, el último Inca reinante del imperio del Tahuantinsuyo. Las llamas de la hoguera que consumieron su cuerpo sirvieron de telón de fondo a este drama imperial. Con Atahualpa, el décimo tercer Inca después de Manco Capac, terminaba el orgulloso poderío de los Incas.
 
Para mantener la unidad del Imperio, los españoles hicieron coronar con la Mascapaicha a Manco II, quien luego de una revuelta, huyó con gran parte del tesoro y su ejército al exilio inexpugnable del valle del Urubamba, protegido por la cordillera de Vilcabamba. A Manco II le sucedieron Sayri Túpac, Titu Cusi y Túpac Amaru. Todos ellos gobernaron en la altura de Vilcabamba, protegidos por la fortaleza de Vitcos.
 
Finalmente, en 1572, los españoles capturaron a Túpac Amaru y lo ajusticiaron. La sombra de Viracocha había terminado con el Imperio.
 
Hoy, los pueblos andinos esperan que se cumpla la segunda parte de la profecía de Viracocha: "Sin embargo, en tiempos muy lejanos aún, os enviaré mensajeros por el mar para que os instruyan y protejan: Serán hombres blancos, barbudos. ¡Obedecedles!".

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario