Un rey de Argos, Acrise, tuvo la ocurrencia de a consultar el oráculo de Delfos, sobre su porvenir.
A veces, el deseo de penetrar en los arcanos del Destino acarrea consecuencias desagradables. Así le pasó al rey:
El oráculo le impulsa a desconfiar de un nieto que debía quitarle el trono y la vida.
Acrise, al principio, olvidó advertencia, porque empezaba por no tener nieto alguno y su hija única, Dánae, no se había casado. ¿Qué podía temer?
