domingo, 20 de mayo de 2018

¿FUNCIONA LA ASTROLOGÍA?

 
La astrología es una de las artes esotéricas más antiguas. Era practicada en Sumeria, la civilización más antigua del mundo, hacia el 4300 a. de C. y puede que tenga sus orígenes en las profundidades de la prehistoria, puesto que existen pruebas de un estudio del firmamento nocturno efectuado por individuos de la Edad de Piedra Antigua.
 
Hoy en día es también una de las artes esotéricas más difundidas, aunque en una forma corrupta desacreditada por la mayoría de los astrólogos consagrados.
 
Casi todos los periódicos y revistas publican una sección astrológica que ofrece predicciones y consejos a los nacidos bajo cualquiera de los doce signos solares.
 
Aunque a menudo identificada como «observación de las estrellas», la astrología se ocupa de interpretar la influencia de los planetas en las actividades humanas. Para conseguirlo, los astrólogos adoptan dos procedimientos que saben son inexactos. Clasifican el Sol y la Luna como planetas y efectúan sus cálculos como si la Tierra fuese el centro del sistema solar.
 
En la astrología popular (la modalidad que aparece en las secciones de los diarios), el término «horóscopo» se emplea de una forma licenciosa, y por norma general se refiere a una interpretación basada tan sólo en la posición zodiacal del Sol del individuo.
 
Cuando alguien dice que «nació bajo el signo de Tauro» quiere decir en realidad que nació cuando el Sol pasaba por esa porción del zodíaco denominada a partir de la constelación Tauro, un fenómeno que acontece todos los años entre el 21 de abril y el 22 de mayo.
 

Puesto que la astrología de signos solares, como se conoce en ocasiones este tipo de horóscopo, divide la totalidad de la población del planeta en tan sólo doce categorías distintas, se hace difícil tomarla seriamente como una base para la predicción o el análisis del carácter.
 
Para los astrólogos profesionales, sin embargo, un horóscopo es estrictamente un mapa de posiciones planetarias tal como los astros aparecían en el momento del nacimiento de un individuo desde el lugar geográfico donde éste tuvo efecto.
 
Los cálculos fundamentales son astronómicos, pero los astrólogos no sólo pretenden encontrar posiciones planetarias en relación con el zodíaco (esa zona del firmamento definida por el recorrido del sol sobre un trasfondo de estrellas fijas), sino también en relación con subdivisiones especiales conocidas como casas. La definición exacta de las casas es especulativa, incluso dentro de la astrología, y existen varios sistemas en uso para calcularlas, cada uno con sus adeptos, cada uno con una estructura totalmente distinta para el horóscopo.
 
Un horóscopo completo contendrá, no obstante, las posiciones zodiacales y de las casas de los planetas, sea cual fuere la manera de calcular estas últimas.
 
Una vez se haya establecido el horóscopo (un procedimiento puramente mecánico que cualquier persona dotada con nociones matemáticas básicas puede aprender en seguida), el astrólogo tratará de realizar interpretaciones en función de esas posiciones planetarias y determinadas relaciones angulares entre ellas. Cuando se lleva a cabo mediante el uso de una información adecuada y precisa sobre el nacimiento, este procedimiento da lugar a un análisis que es, por lo menos, (casi) único para el individuo de que se trata. Por este motivo ha sido tomado en consideración por algunos investigadores con credenciales científicas impecables. Jung, por ejemplo, examinaba con frecuencia el horóscopo de sus pacientes, con la creencia de que proporcionaba datos sobre la personalidad y los procesos psi que de otra forma habrían permanecido ocultos.

Para la mayoría de los científicos, sin embargo, el postulado vínculo astrológico entre posición planetaria y destino humano es, en el mejor de los casos, improbado, y en el peor, disparatado. Incluso teorías mucho más prudentes, como la que sugería un vínculo gravitatorio entre la posición de Júpiter y el acaecimiento de terremotos, han sido generalmente desprestigiadas.
 
Varios análisis estadísticos a gran escala sobre características y predicciones de personalidad en función de las posiciones planetarias del horóscopo no han mostrado correlación alguna. Los estudios de esta naturaleza han sido considerados, de forma razonable, como una prueba positiva de que la astrología no puede funcionar. No obstante, el simple hecho es que, en manos de determinados practicantes, la astrología funciona, y muy bien por cierto.
 
La experiencia empírica de la validez de la astrología ha llevado a la sugerencia de que hay en este arte un aspecto intuitivo o psíquico. Según esta teoría, los astrólogos competentes meramente usan las asociaciones tradicionales como una base inestable para sus interpretaciones, que son entonces modificadas en relación con sus instintos personales para que la lectura final pueda diferir profundamente de una argumentación mecánica basada en asociaciones tradicionales.
 
Así, a principios de los años setenta, el profesor Alan Smithers, de la Universidad de Manchester, creó complicaciones sustanciales cuando extrajo datos del censo de la población británica para un total de 1.461.874 hombres y 842.799 mujeres que demostraban claramente que los arquitectos tendían a nacer en primavera, las secretarias en verano, los mineros en otoño y los electricistas en invierno. Incapaz de seguir trabajando solo, el profesor Smithers pidió a miembros de la Asociación Astrológica Británica que indicasen qué profesiones debían asociarse a los diversos signos solares. Sin conocer los resultados del estudio de masas llevado a cabo por el profesor, los astrólogos predijeron correctamente las conexiones estadísticas.
 
Un miembro de la asociación abrió un nuevo campo sugiriendo que existiría una tendencia estadística a que las enfermeras nacieran bajo los signos de Tauro, Cáncer, Virgo, Escorpión, Capricornio y Piscis, mientras que los representantes sindicales habrían de nacer bajo uno u otro de los seis signos restantes. En efecto, cuando se comprobaron los datos referentes a 35.781 enfermeras y representantes sindicales, la correlación predicha se hizo patente.
 
Más complicaciones resultan del trabajo de Michel Gauquelin, cuyo análisis de 27.000 cartas de nacimiento no aportó evidencia alguna para las asociaciones astrológicas tradicionales, pero dio lugar a toda una nueva serie de vínculos estadísticos válidos entre elección de carrera (posiblemente influida por las características de personalidad) y la salida o culminación de determinados planetas.



 

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